La visita a las provincias de la diócesis dejó al religioso sumido en el desconsuelo al ver las iglesias sin ornamentos óptimos, ni pan, ni vino, ni cera, indignas de colocar el Santísimo Sacramento. Según concluyó el obispo, la pobreza de las fábricas se debía a no tener dotación de novenos ni contribuciones de los oficiales de la Real Hacienda, y a que los indios y feligreses eran muy pobres para realizar donaciones. Se debe aclarar que las iglesias del Chocó tenían menos ornamentos e imaginería que las de Antioquia, además de haber sido construidas con materiales de carácter más efímero dadas las condiciones ambientales en medio de la selva.